MEDELLIN COLOMBIA
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CARTA ABIERTA
En obligada presencia de necesidades… ¿Qué razones inducen al hombre a sustraerse ante los reclamos del cuerpo? ¿Qué alternativa le queda a un ser humano privado de su elección y conviviendo entre congéneres del mismo sexo? La ausencia de un complemento femenino dejará su sexualidad sin norte y a la deriva; cual ave diluviana, volará desorientada y sin cesar a la espera de hallar tierra firme y al fin, exhausta y hambrienta se posará sobre la primera rama de cualquier árbol que se le presente en su auxilio. El voto de castidad como requisito indispensable para ingresar a una orden sacerdotal es una imposición moral que, aun cuando se asume de manera consciente y voluntaria, constituye una renuncia personal contra su género y en abierta apostasía contra los principios vitales de la vida y que la naturaleza desoye, por cuanto en su orden natural, sus leyes derivadas del acto creador solo busca perpetuar a su obra: LA VIDA El hombre como parte esencial de este orden natural, desvestido de perjuicios y libre de severas teologías debe comenzar a mirarse nuevamente; mirar con naturalidad lo que en natural en toda su belleza e inocencia primigenia y que en fragante sensualidad insinuándose a los sentidos, solo para despertar la desnuda gramática del deseo, como único lenguaje y mecanismo de la vida. Quizás, si nos replanteamos conceptos en los cuales se le adjudican a un ser supremo preceptos y susceptibilidades morales que no están a la altura de una inteligencia superior, haríamos, si no dar el primer paso de regreso hacia un Dios más humano, por lo menos si, devolverle “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Open Letter
The absence of a feminine complement will leave
his sexuality without a north and The vow of chastity as an indispensable requisite
to ingress into a priestly order is a moral imposition that even when
it is assumed in a conscientious and voluntary Man as an essential part of this natural order, unclothed of prejudices and free of severe theologies should begin to look at himself anew; to view with naturalness what is natural in all its reality and primogene innocence and that in fragrant sensuality insinuating itself in the senses, only to awaken the nude grammar of desire, as sole language and mechanism of life. Perhaps, if we re-posit concepts in which precepts
and moral susceptibilities are |
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CON ESPECIAL CARIÑO A:
MARIA LIBIA MONTOYA, AURA MONTOYA, DALIA IRENE MORALES A.
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